El maná del Mesías (Jn 6)

El pueblo peregrinó por el desierto por cuarenta años (Nm 32, 13). En este período el pueblo fue probado y murmoró contra Moisés. «¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos junto a la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta comunidad». La respuesta de Dios, sin embargo, fue alimentar al pueblo con el maná del cielo: «Yo os haré llover pan del cielo […] Esta tarde os dará de comer carne y mañana os saciará de pan […] Es el pan que el Señor os da para comer» (Ex 16, 4-5. 11-15). El origen celestial del maná habla a las claras de su carácter sobrenatural. Esto se confirma en el Sal 78, 23-25.29:

 

«Dio orden arriba a las nubes
y abrió las compuertas del cielo;
hizo que les lloviese maná para comer
y les sirvió un trigo celeste.
Un pan de ángeles comió el hombre,
les mandó provisiones hasta la hartura».

En Sab 16, 20-21:

«A tu pueblo, por el contrario, lo alimentaste con manjar de ángeles,
proporcionándole gratuitamente, desde el cielo, pan a punto,
de mil sabores, a gusto de todos»

De acuerdo a Ex 16,31 el maná «Era blanco, como semilla de cilantro, y con sabor a torta de miel». En otras palabras, el maná tenía el sabor de la tierra prometida: «He bajado para librarlo de la mano de los egipcios y para subirlo de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel» (Ex 3,8). La relación entre el maná y la tierra prometida es tan estrecha que al momento en que los israelitas crusan a Canaán «Y el maná cesó desde el día siguiente, una vez que empezaron a comer los productos del país. Los israelitas no tuvieron en adelante maná; ya aquel año se alimentaron de
los productos de la tierra de Canaán» (Jos 5,10-12) Los israelitas no sólo comieron el pan de los ángeles, sino que también lo guardaban en el Tabernáculo. «Esto es lo que ha mandado Yahvé: Llenad un ómer de ello y conservadlo, para que vuestros descendientes vean el pan con que os alimenté en el desierto cuando os saqué del país de Egipto.» Moisés dijo a Aarón: «Toma una vasija, echa en ella un ómer de maná y colócala ante Yahvé; que se conserve para vuestros descendientes» (Ex 16,32-34). De acuerdo a Heb 9,4 este mana se mantenía en una urna de oro en el arca de la Alianza, junto a las tablas con los diez mandamientos y la vara de Aarón. Al mismo tiempo el maná se mantenía en el templo celestial. Así leemos en el B.Hag 12b: «”Los puso Dios en el firmamento celeste” (Gn 1,17). “Los cielos” implica el lugar donde están las ruedas del molino y muelen el maná para los justos porque está dicho: ” Dio orden arriba a las nubes
y abrió las compuertas del cielo; hizo que les lloviese maná para comer y les sirvió un trigo celeste” (Sal 78, 23-24). “Habitación” implica el lugar donde el templo, la Jerusalén y el altar celestial son construidos, y Miguel, el gran sumo sacerdote, se hallá y ofrece las ofrendas». Y es que el maná era tan sagrado que muchos creían que era una de las 10 cosas que fueron creadas en la tarde del primer Sabath (Ab 5,6). En ese sentido el maná era el alimento perfecto, no contaminado por el pecado de la primera pareja. El Tg.Ps.Jon  en el Ex 16,4 dice: «Mirad, yo he bajado para vosotros el pan del cielo, que ha sido reservado desde el principio» (ver también Tg.Ps.Jon en el Ex 16,15). Además de estas características los rabinos también hablaban del maná del mesías, especialmente cuando se relacionaba a este con Moisés: «Así como el primer redentor hizo que descendiera el maná, como está dicho “Mira, voy a hacer que llueva pan del cielo para vosotros” (Ex 16,4), así el próximo redentor hará descender el maná» (Eclesiastes Rab. 1,9). Y es que el mamá se encontrará de nuevo en la era mesianica: «Vosotros no encontrareis el maná en esta época, sino en la Edad Venidera» (Mekilta sobre Ex 16,25). «Y sucederá en aquel tiempo (la Edad Venidera) que el tesoro del maná descenderá de nuevo desde el cielo» (2Baruc 29, 6-8).

Con todo este contexto podemos ir ahora a los textos concernientes a Jesús. El primero es Lc 11, 2-4 y Mt 6,9-13 en el marco del “Padre Nuestro” donde Jesús pide « τὸν ἄρτον ἡμῶν τὸν ἐπιούσιον δὸς ἡμῖν σήμερον». ¿Cuál es el significado de “ἐπιούσιον” que generalmente traducimos como  “de cada día”? En realidad se trataría de un nelogismo o una “palabra nueva” que no encontramos en ninguna otra parte en la antigua literatura griega. Veamos entonces esta palabra: ἐπι significa “sobre” ,”arriba”; ούσια significa “ser”, “esencia”, “naturaleza”. El significado de Mt 6,11 sería entonces «danos este día el pan sobrenatural», que es como la Vulgata tradujo al latín o como San Sirilo lo interpretó (Mystagogic Lecturas 23,15). Y es que si en el mismo Mt Jesús había dicho que no había que preocuparse de lo que comeremos o beberemos hoy, sino que había que buscar primero que nada el Reino de Dios (Mt 6,25-33; Lc 12,22-31), entonces, ¿por qué traducir “ἐπιούσιον” como “cotidiado” o “de cada día”? En el contexto del Padre Nuestro hace mucho más sentido traducir “ἐπιούσιον” refiriéndose al “pan sobrenatural” o al “maná” que no es otra cosa sino la llegada del Reino de Dios que el Mesías trae. 

El otro texto fundamental es Jn 6, 53-55: «En verdad, en verdad os digo que si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida». Este texto sólo se entiende en el contexto de las esperanza judías por la venida del nuevo Moisés y el regreso del maná del cielo. Ya Jesús había sido identificado como el nuevo Moisés en Jn 6,14 en conección Dt 18,15-19. Entonces la gente le había dicho: «¿Qué signo haces para que, al verlo, creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer.» Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo;
es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo.»  Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de vida. El que venga a mí no tendrá hambre, y el que crea en mí no tendrá nunca sed» (Jn 6, 30-35). El climax de esta sección, sin embargo, se encuentra en Jn 6, 48-59 donde leemos frases como “Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron; éste es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera”; “el pan que yo le voy a dar es mi carne, para vida del mundo”; “Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida”; “Éste es el pan bajado del cielo; no como aquel que comieron vuestros antepasados, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre”. Para más detalles: B.J. Pitre, Jesus and the Jewish Roots of the Eucharist: Unlocking the Secrets of the Last Supper, 77-103

Tomás García-Huidobro

Tomás García-Huidobro

Sacerdote Jesuita, Doctor en Teología Bíblica.

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