Cosmología en el Evangelio de Judas

Un aspecto importante al momento de estudiar
el carácter setiano del Evangelio de
Judas
es su cosmología. Como todo escrito gnóstico, la verdadera
constitución del cosmos, es un misterio revelado
sólo a un grupo de elegidos. El primer principio trascendente, el Padre o
Espíritu Invisible en el Apócrifo de
Juan,
no se describe en términos sublimes o negativos. Sólo se nos dice que
existe un gran eón ilimitado, cuya
magnitud ninguna generación de ángeles ha visto, en el cual está el gran
Espíritu Invisible al que ningún ojo de ángel ha visto, ni pensamiento de
corazón ha comprendido, y que no ha sido llamado por nombre alguno
(47,5-13).
Es interesante constatar que en esta sección de la cosmogonía no se menciona al
segundo principio trascendente, Barbelo, de quien tenemos noticia en otro
pasaje cuando Judas reconoce la identidad de Jesús (al modo de Pedro en los
sinópticos): Yo sé quién eres, y de qué
lugar has venido. Tú has venido del eón inmortal de Barbelo, y no soy digno de
decir el nombre del que te envió”
(35, 15-20). ¿Por qué no aparece de nuevo
Barbelo en la sección cosmológica del Evangelio? ¿Puede ser que esta parte de
la cosmogonía sea un agregado a un texto más antiguo? Es probable, en todo caso
es interesante constatar algo único en el gnosticismo setiano, el hecho que del
primer principio emane el Autogenerado. Y es que una nube luminosa apareció en ese lugar y él (el Gran Espíritu) le
dijo: “¡Que aparezca un ángel como mi asistente!”. Y de la nube procedió
un gran ángel, el Autogenerado, el dios de la luz
(47, 16-20). El
Autogenerado es una figura conocida en el gnosticismo setiano, por ejemplo en
el ApocJn 7,18-30, lo novedoso, sin embargo, es calificarlo como “Gran Ángel” o
“dios de la luz”. Aunque se mencione más adelante, sabemos que de esta primera nube surgirá más adelante
Adamas, imagen primigenia de la raza que no será subyugada. Pero no nos
detengamos en Adamas, sigamos con la generación de eones que surgirán a partir
del Autogenerado. Y por él surgieron
otros cuatro ángeles de otra nube. Y se convirtieron en
asistentes del ángel Autogenerado.
Es muy probable que estos cuatro ángeles correspondan a los
cuatro luminares del ApocJn 8,5 llama Armozel, Uriel, Daveithai, y Eleleth. Por
otra parte, la mención a la otra nube
se refiera a una separación entre el Autogenerado y los ángeles encargados
de asistirle. Y así, desde este Autogenerado van sucediéndose diferentes
emanaciones. Y dijo el Autogenerado: “Que
aparezca [un eón]” y aconteció [como dijo]. Y él [creó] el primer luminar para
reinar sobre él
(47,26-48,5). Las semejanzas con el Génesis son evidentes.
Y así, a partir de este momentos se irán creando una serie sucesiva de
realidades o eones: incontables miríadas
de ángeles para servirle en este primer eón 
(48,6-9); un eón de luz (48,10-11);  un segundo
luminar para reinar sobre él (
48,12-13);
con miríadas de ángeles para servirle
(48,14-15). Pero volvamos un poco atrás. Recordemos que de la primera nube
había surgido la figura de Adamas, del cual emanara la generación perfecta. El
texto está en malas condiciones por lo que no podemos saber quién surgió a
partir de Adamas. ¿Acaso fue Set? ¿o la generación eterna? Tampoco es claro si
es a partir de Adamas o de Set que se
manifestó la generación incorruptible de Set (o generación santa de 36, 16) […]
Y desde aquí se van manifestando una serie de eones: Hizo aparecer setenta y dos luminares en la generación incorruptible,
según la voluntad del Espíritu (
o Dios Trascendente). Y los setenta y dos luminares hicieron aparecer trescientos sesenta
luminares (
número de los grados del Zodíaco o número de días del calendario
solar) en la generación incorruptible,
según la voluntad del Espíritu, para que fuese cinco el número de cada uno (
es
decir para cada uno de los 72 luminares tenga 5 nuevos luminares)(49,5-17). El
texto es difícil de seguir y al final el autor habla del Padre y los setenta y dos luminares que están con él, el Autogenerado y
sus setenta y dos eones
(no mencionados antes), el lugar en el que el primer hombre (¿Adamas?) se apareció con sus potencias incorruptibles. Y el eón que apareció con
su generación
(se refiere al Autogenerado), este en el que están la nube del conocimiento y el ángel
llamado
Esta última nube del conocimiento es la tercera, no
mencionada antes, y puede ser un sustituto de Sofía. Ya estamos cerca del mito
de la caída de Sofía y el nacimiento del mundo material.
Tomás García-Huidobro

Tomás García-Huidobro

Sacerdote Jesuita, Doctor en Teología Bíblica.

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