La Creación de Adán en la Cueva de los Tesoros

La cueva
de los tesoros
es un apócrifo probablemente de origen siriaco que
contiene interesantes elubricaciones respecto a la figura de Adán. La primera
dice relación a como la Trinidad creó a Adan interpretando de manera peculiar
Gn 1, 26. El sexto día, que es el
viernes, en la hora primera, mientras tomaba consejo con todos los ejércitos de
los órdenes de los seres espirituales dijo Dios: “Hagamos un hombre a nuestra
imagen y semejanza”, refiriéndose con esto, con la nun
[la conjugacion
siriaca de la primera persona plural comienza con la nun]en lugar del alef [la conjugacion siriaca de la primera persona
singular comienza con la alef], a las
gloriosas personas del Hijo y del Espiritu
(II.2).  La segunda elubricación dice relación con la talla cósmica
de Adán que fue modelado a partir de los cuatro elementos. Efectivamente, los ángeles vieron la diestra de Dios que
tomaba polvo de la tierra. Es decir, los cuatro elementos: frio, calor,
sequedad y humedad. Por esto Dios hizo a Adán de estos elementos débiles para
que por medio de ellos le estuviera sometido todo lo que existía. Dios le
modeló con sus santas manos a su imagen y semejanza
(II. 6-12). El hombre
se constituye en la imagen microcósmica del cosmos entero. Además hay que
considerar que Dios ha cogido el polvo del centro geográfico de la tierra, esto
es del lugar donde más tarde se levantará el templo de Jerusalén. Esta idea es
de origen judío. En el Targum de Jerusalén a Gn 2, 7 leemos:  Dios
tomó un polvo encarnado, negro y blanco del lugar del templo y de las cuatro
regiones todas del mundo. Le amasó con las aguas del mundo entero y sacó a
Adán.
Continuando con la CuevTes tenemos que mirar a la reacción de los ángeles que, primero bebiendo de tradiciones judías antiguas, quiere dejar
claro que estos no participaron en la creación del hombre.  Cuando Dios decide crear al hombre y los ángeles escucharon estas palabras, se
llenaron de temor, mientras se decían unos a otros. “Un gran portento se nos
muestra hoy, la imagen de Dios nuestro Hacedor”
(II. 3). Más adelante,
cuando el hombre ha sido creado  y los ángeles vieron su aspecto glorioso, por
belleza de su imagen, se pusieron a temblar
(II.14) . Y es que la imagen
del hombre era impresionante. Cuando se
estiró y se puso erguido sobre la tierra, estaba vestido con la túnica real y
tenía puesta en su cabeza una corona de gloria
(II. 15-17).  Más adelante se nos dice lo mismo: Adán y Eva estaban en el Paraíso vestidos
con una túnica de gloria. Adán al levantarse se puso de pie en medio de la
tierra. Puso sus dos pies en aquel lugar donde estuvo clavada la cruz de
nuestro Salvador. Allí se vistió  de los
vestidos del Reino y fue puesta en su cabeza una corona de gloria. Allí fue
hecho rey, sacerdote y profeta. Allí Dios le hizo sentar en el trono del Reino.
Allí se reunieron todas la fieras, las aves y el ganado. Iban pasando delante
de Adán, y Adán les puso los nombres. Ellos inclinaban sus cabezas y se
postraban ante el…De nuevo los ángeles y los ejércitos celestiales escucharon
la voz de Dios que le decía a Adán: “Te he hecho rey, sacerdote y profeta,
señor, cabeza y guía de todas las cosas que han sido creadas. A ti solo te las
doy y te concedo autoridad sobre todas las criaturas”  
(III. 14-23). El carácter real, profético
y sacerdotal de Adán tiene estrecha relación con una determinada interpretación
de los dones presentados por los Magos al niño Jesús, quien es el nuevo Adán.
Tomás García-Huidobro

Tomás García-Huidobro

Sacerdote Jesuita, Doctor en Teología Bíblica.

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