Jesús como Ángel en la 1Carta de Juan

Las comunidades joánicas sufrieron de crisis de fe e identidad entre sus miembros. De una u otra manera, la fe que recibieron en un principio se cuestionó. El lo que leemos en 1Juan 2,24: Pues lo que habéis oído desde el principio, sea permaneciente en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio fuere permaneciente en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Lo que parece haber sucedido es que algunos miembros abandonaron la fe primera a raíz de una inspiración divina. El autor de la carta recrimina irónicamente a estos supuestos iluminados: Mas vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. (2,20). Pero, ¿qué era lo que estos ungidos reclamaban como inspiración divina? Para ellos Jesús no había sido verdaderamente hombre, por lo tanto no podía ser el Mesías esperado: En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo es venido en carne es de Dios ( 4,2). Si éste no había sido hombre, entonces ¿quién fue Jesús? La respuesta, si bien no certera, bien puede relacionarse con la angelología judía. Jesús pudo haber sido un ángel prominente, de apariencia humana (Dn 8,15ss),pero no el agente escatológico definitivo. Esto no estaría del todo lejano a la primera especulación cristiana en ciertas comunidades. Pensemos en la Ascensión de Isaías donde la forma humana de Jesús aparece sólo un elemento externo que puede disfrazar a su antojo para confundir a los ángeles de los distintos cielos mientras desciende para encarnarse en la tierra (11,17). De hecho es presumible que algunos miembros de las comunidades joánicas pensasen que Jesús era sólo un enviado celestial venido para revelar y realizar la voluntad de Dios en los cielos (Jn 7,16). En ese sentido Jesús sería para ellos como el ángel de Yavé en el A.T. cuya función era hacer de emisario de Dios, pero que se confundía con Dios mismo. Este interpretación angelical estaría en el origen del énfasis que la carta pone en el mesianismo, humanidad, y muerte de Jesús(1Jn 2,1ss), a diferencia del evangelio de Juan que no tiene problemas en acentuar el origen divino de Jesús y su descenso –ascenso a los cielos. Aquellos que comenzaron a destacar el carácter celestial o angelical de Jesús lo que estaban cuestionando de fondo era la plenitud de las promesas judías de carácter escatológico realizadas en Jesús (1Jn 2,2). Éste no había sido el mesías, era más bien un ángel, y su función no era salvadora. A esto el autor de la carta reaccionará con firmeza diciendo: Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiese al Hijo tiene también al Padre (1Jn 2,23); El que tiene al Hijo, tiene al vida: el que no tiene la Hijo de Dios, no tiene la vida ( 5,12). Para más detalles: The Mystery of God, p.185-187.

Tomás García-Huidobro

Sacerdote Jesuita, Doctor en Teología Bíblica.