Alianza, la Tora y la Tierra, textos rabínicos
Consideremos los siguientes fragmentos de Misná kelim 1,6; B. Ketubot 111a; B. Bava Batra 158b; GnR 16,4; LvR 13,2; Melkita de Rabi Ismael Pisha 1: La tierra de Israel es la más santa entre todas las tierras porque la tierra de Israel está bajo la directa providencia de Dios y los ojos de tu Dios están siempre en ella (Dt. 11,12). Ta como el Señor tu Dios es el Dios de los dioses y el Señor de los señores (Dt 10,17), así la tierra de Israel es el centro de toda tierra habitada y de la herencia de Dios. Al mismo tiempo es el lugar central por el estudio de la Tora y la ascensión de las oraciones, como está dicho, es la puerta del cielo (Gn 28,17). En contraste, toda otra tierra es obscura, como está dicho, Él me ha hecho habitar en un lugar obscuro (Lam 3,6). ¡Que pena por los hijos que han sido exiliados de la mesa de su Padre!…Dios había considerado a todas las naciones y ninguno había aceptado la Tora excepto Israel. Entonces Dios había considerado a todas las generaciones y no había encontrado ninguna generación que mereciera recibir la Tora, excepto aquella generación del desierto. Y es que la tierra de Israel no es como Egipto, que se riega por el río Nilo como un Jardín. La tierra de Israel es una tierra de montes y valles que de manera exclusiva absorben el rocío que desciende de los cielos. La vida proviene de Dios. Desde esta perspectiva la tierra es más que un lugar, es un espacio sagrado. Se dice que cualquiera que desee ser un verdadero judío, sólo lo puede alcanzar a través de la santidad de la tierra de Israel. En el Talmud se dice que cualquiera que camina algunos pasos en la tierra de Israel ya tiene asegurado un lugar en el mundo venidero (B. Ketubot 111 a). En el midrás Tanhuma, en Kedoshim 10, en el midrás Tehillim 91,7 entre otros se nos dice que la tierra de Israel es el centro del mundo. Jerusalén es el centro de la tierra de Israel El templo es el centro de Jerusalén (Tree of souls p. 417).
Y otro texto tomado de Sifre sobre Dt.38 donde encontramos la siguiente parábola, un rey que a lo largo de un camino y vio al hijo de una familia noble. Entonces le encargó a uno de sus siervos para que sirviera al joven. Entonces vio a otro hijo de otra noble familia, agraciado, delicadamente criado, d ocupado en otra labor. El rey le conocía a él y a su familia. Dijo: «Yo ordenó que yo personalmente me ocuparé de sus necesidades y le alimentaré». Entonces, a todas las naciones se les han dado siervos para que se ocupen de ellas. Egipto bebe del Nilo, Babilonia toma del Tigris y el Eufrates, pero con la tierra de Israel no sucede lo mismo. Con ella, mientras duerme en su cama, el Omnipresente por si mismo trae la lluvia a ellos.